Cataratas Victoria

Maravillados. Así nos quedamos tras visitar las Cataratas Victoria, y es que son una de las siete maravillas naturales del mundo según alguno de esos listados de cosas impresionantes del planeta. Dicen de ellas que es el único lugar de la Tierra en el que llueve todos los días del año (a causa de la cortina de vapor que provoca la agitación extrema del agua), y también es uno de los pocos lugares del planeta en el que se puede apreciar un fenómeno tan peculiar que no sabíamos ni que existía: un arcoiris de Luna, en noches de Luna llena.

 

Aunque agosto no es la época más propicia para visitarlas porque su caudal se reduce, no deja de ser impresionante este rincón de África que bautizó el doctor Livingstone con su nombre actual en homenaje a su reina. Su nombre original es "Mosi", que traducido significa "el humo que truena". Y es cierto, a kilómetros de distancia se adivina la nube de vapor y se escucha un gran estruendo, como un trueno continuo. El corte de 1.700 metros de largo y más de 100 metros de alto que hace la corteza terrestre en medio del caudal del río Zambeze provocan una caída de agua que no deja a nadie indiferente. Aquí uno puede echar la tarde o la mañana paseando de mirador en mirador. En cada uno las cataratas ofrecen un aspecto diferente: algunos por la altura, otros por el ruido, otros por la gran cortina de agua, otros por la lluvia, o por el vértigo... la visita no se hace monótona en ningún momento.

 

Nosotros hicimos el recorrido en la parte de Zimbabue, si bien en época de fuertes aguas se recomienda cruzar también al lado de Zambia. Las cataratas sirven de frontera entre ambos países. Aunque con sabor agridulce por las diferentes "tasas" que hay que pagar al entrar a este complicado país, las cataratas colmaron nuestras espectativas con creces y se convirtieron en nuestro fin de fiesta ideal.

 

 

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