Parque Nacional de Chobe

El amanecer es la mejor hora para hacer un safari. Los animales aún andan haciendo sus últimas travesuras aprovechando el frescor de la noche. Especialmente los felinos tienen en la noche sus mejores momentos de gloria y en consecuencia, de darse grandes banquetes. Sorprendimos a una pequeña manada de leones empezando a acostarse tras su dura jornada nocturna. También llegamos a tiempo de ver salir del agua a una manada de elefantes, que cubiertos de agua y gracias a la luz dorada del sol naciente parecían verdaderos elefantes de chocolate, para comérselos. Además, nuestro catálogo de especies avistadas: jirafas, hipopótamos, babuinos, buitres, águilas pescadoras, facóqueros, kudús, impalas y un buen montón de animales más. Aquí va una pequeña muestra. Tres horas de safari muy fructíferas.

Reserva NAcional Moremi. Okavango Delta

La suerte nos ha sonreído mucho. Así de cerca hemos estado hoy de este magestuoso animal: un leopardo que reposa en la sombra sobre un tronco viejo. Los leopardos son uno de los animales más codiciados porque además de haber pocos, apenas se dejan ver. Sin embargo hemos estado junto a él nosotros solos durante un buen rato para poder hacerle unas cuantas fotografías. Aquí un par de ellas.

Y sin duda el premio del día: Este atlético guepardo "cheeta" que nos sorprendió a nosotros y a una manada de impalas. A toda velocidad irrumpió en su grupo y apenas tardó cinco segundos en atrapar a uno de ellos delante de nuestras narices. Después lo estranguló entre sus mandíbulas hasta la muerte y tras descansar un rato y dejarse fotografiar en exclusiva por nosotros, se llevó a su presa a un lugar seguro en la sombra. Esta secuencia no se nos olvidará jamás. This is Africa.

Paseo en 'mokoro' en el Delta del Okavango

El mokoro es una canoa que utilizan los nativos de la zona para desplazarse a lo largo del Delta del Okavango. Originalmente se hacían vaciando un tronco de un árbol de ébano o de kigelia y que el gobierno botsuano ha prohibido recientemente su tala porque su número corría peligro. Actualmente no se hacen de madera sino de otros materiales sintéticos, pero sí que mantienen su estética original, perfectamente integrada con el entorno tranquilo del delta. Son conducidos por un barquero armado con una pértiga al más puro estilo de los gondoleros... ¡nuestro barquero incluso nos cantó alguna canción africana!

Tras miles de kilómetros de carreteras llenas de baches y mucho tran tran, nuestros cuerpos agradecieron mucho un poco de calma, y es que podemos decir pasear en mokoro por las calmadas aguas del delta del Okavango es lo más parecido a volar sobre el agua. De verdad que hubo más de un momento que estuvimos a punto de dormirnos de puro placer mezclado con cansancio físico, y el mokoro funcionaba como una estupenda mecedora.

El punto de vista que se obtiene al nivel del agua permite ver de cerca un montón de aves acuáticas, imponentes águilas pescadoras, hipopótamos, cocodrilos, cebras, elefantes, insectos y libélulas, sobre todo libélulas. Mención especial se llevan los mosquitos, que dependiendo de la época del año, pueden convertirse en un verdadero peligro, así que el Relec extra fuerte se convirtió en nuestro mejor aliado.

En el tramo anterior a la reserva pudimos ver un buen montón de ganado suelto y nos sorprendió la gran cantidad de asnos que se veían por allí, teniendo en cuenta que en España son difíciles de encontrar desde que no se explotan en agricultura.

La profundidad media en todo el recorrido no supera el medio metro y el agua es bastante cristalina aunque de color rojizo provocado por restos de vegetación depositada en el fondo. En la superficie multitud de juncos, papiros y nenúfares, aunque no pudimos verlos en flor al ser invierno por allí.

Los barqueros de los mokoros bebían el agua directamente del río, expertos y valientes, y también vimos a un grupo de turistas australianos dándose un refrescante bañito. Envidia y repelús al mismo tiempo.

Tuvimos oportunidad de practicar el arte de conducir un mokoro por nosotros mismos. Mejor se lo dejamos a los profesionales, que creemos que nos utilizan para reírse un rato de nosotros haciendo el ganso.

A esta experiencia le ponemos un 10, ganas de repetir.

Sobrevolar el Okavango

¡Pero qué gran experiencia el vuelo sobre el Delta del Okavango!. Lo hicimos además compartiendo avioneta con Clara y Joan, otra pareja majísima de       Tarragona. Gracias a ellos pudimos conseguir un buen precio al compartir vuelo. A los mandos de la avioneta, Paul, de Nueva Zelanda.

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